Manifiesto. “El mundo. El siglo XXI”

Traducción no oficial

Toda la humanidad esperaba que el siglo XXI se convirtiera en una nueva era de cooperación mundial. Sin embargo, hoy en día esto puede resultar un espejismo. El mundo, de nuevo, está en un peligro cuyo alcance no se puede subestimar. ¡Y esta amenaza es una guerra mundial! Según los cálculos científicos, la civilización terrestre pasó por más de 15 mil guerras, es decir, por 3 guerras cada año. En esas guerras murieron cientos de millones de personas, desaparecieron para siempre las ciudades y países, así como las culturas y civilizaciones.

En el siglo XXI la humanidad hace descubrimientos científicos que sorprenden la imaginación, crea las tecnologías de nueva generación. La humanidad entra cualitativamente en una nueva etapa de su desarrollo. El mundo se encuentra al borde de la Cuarta revolución industrial. Muchas enfermedades terribles se erradican con éxito. Sin embargo, el virus de la guerra sigue envenenando la situación internacional así como multiplicando el potencial del complejo industrial militar que en una serie de estados se ha convertido en un sector económico potente que genera la muerte.

El virus de la guerra está listo para infectar los descubrimientos acerca de la inteligencia artificial. El militarismo ha penetrado profundamente en la conciencia y el comportamiento de la gente. Más de mil millones de unidades de armas pequeñas están en las manos de población, de las cuales, a diario, mueren miles de civiles. Es muy probable que el peligro de una guerra se convierte en una trágica realidad a escala universal.  Las señales letales ya se manifiestan. En el ámbito de las relaciones internacionales se han aumentado los riesgos de conflictividad. La geografía de enfrentamientos combativos ha llegado hasta los teatros históricos de las dos anteriores guerras mundiales, es decir, hasta Europa del Este, el Norte de África y el Oriente Próximo.

El Tratado de No Proliferación Nuclear no cumple con su propósito. Las armas letales y su tecnología de producción se han difundido por todo el mundo a causa del doble rasero de las grandes potencias. Su caída en las manos de terroristas es una cuestión de tiempo.

El terrorismo internacional ha adquirido los síntomas funestos. Se ha producido un traspaso de los actos separados a la agresión terrorista de gran escala contra los estados europeos, asiáticos y africanos. El éxodo de millones de refugiados, la destrucción de las ciudades, así como de los monumentos históricos más valiosos: todo esto se convierte en una realidad cotidiana. Las sanciones económicas y las guerras comerciales se han convertido en un fenómeno habitual.

El planeta ya, de nuevo, ha comenzado a bailar en la cuerda floja de la “guerra fría” con consecuencias desastrosas para toda la humanidad. La paz aún se mantiene sólo gracias a la inercia positiva de las cuatro décadas anteriores.

En la segunda mitad del siglo XX se redujeron en gran medida los arsenales nucleares de los EE.UU y de Rusia como resultado de las negociaciones exitosas sobre la seguridad nuclear. Las cinco potencias nucleares han declarado la moratoria sobre las pruebas nucleares y se han adherido a ella. La amenaza de la destrucción del planeta se ha reducido considerablemente así como se ha acelerado el proceso de creación de los sistemas de seguridad regionales.

Basándose en los principios de confianza mutua, se ha creado una mega estructura Euroasiática-Atlántica: la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. Como resultado de las acciones concertadas de las potencias, así como de las operaciones multilaterales de la ONU destinadas a mantener la paz, se ha resuelto una serie de conflictos y de guerras. Sin embargo, ahora estamos observando la erosión de todos estos logros.

Por lo tanto, millones de personas están cada vez más preocupados por estas cuestiones. ¿Cómo va a evolucionar la situación en el mundo? ¿Se convertirán las discrepancias entre las grandes potencias en una nueva confrontación de largo plazo entre ellos? ¿Qué país podría ser la próxima víctima de las “guerras subsidiarias” que se llevan a cabo por las principales potencias mundiales y regionales? ¿Qué tierra, aún floreciente, estará torturada por las cadenas de tanques y explosiones de proyectiles? ¿En qué ciudades morirán los niños bajo el fuego de los misiles? ¿De dónde provendrán y a dónde se dirigirán los nuevos flujos de refugiados que huyen de los conflictos?

Hace más de 60 años, Albert Einstein y Bertrand Russell, los científicos destacados, presentaron su manifiesto en el que habían formulado “un problema crudo, horrible e ineludible: ¿Vamos a poner fin a la raza humana; o deberá renunciar la humanidad a la guerra?”.

Las mentes más brillantes del siglo XX advirtieron proféticamente a la gente de que en la próxima guerra mundial, sin duda, se utilizarían las armas nucleares que destruirían todo lo vivo en el planeta.

Su advertencia, de que todas las controversias entre los estados no pueden y no deben resolverse por medio de una guerra, sigue siendo de gran actualidad en el siglo XXI. Erradicar la guerra es la tarea civilizada más difícil de la humanidad. Sin embargo, no existe ninguna otra alternativa razonable. Esta tarea debe considerarse la más prioritaria por los líderes mundiales comparándola con otros desafíos de la agenda mundial.

En el siglo XXI la humanidad tiene que tomar medidas decisivas para su autodemilitarización. No tendremos otra oportunidad. En caso contrario, el planeta se convertirá en un enorme vertedero despoblado y lleno de los materiales radiactivos. Nuestro planeta es único, no tenemos otro parecido ni lo tendremos.

Por esta razón, la humanidad necesita un PROGRAMA integral “EL SIGLO XXI: UN MUNDO SIN GUERRAS”.

A través de esta estrategia mundial debemos identificar las medidas concertadas y responsables tomadas por las naciones para destruir el virus de guerras y conflictos. Este documento debe sostenerse sobre los tres principios fundamentales claramente establecidos.

En primer lugar, en cualquier guerra moderna no habrá ni puede haber el ganador alguno, la perderá todo el mundo.

En segundo lugar, en una nueva guerra sería inminente el uso de las armas de destrucción masiva: armas nucleares, químicas, biológicas o de cualquier otro tipo que pueda diseñarse basándose en los logros científicos, lo que daría lugar a la desaparición de toda la humanidad. Además sería tarde e imposible averiguar quién se haría cargo de lo ocurrido. Los posibles riesgos se deben entender como un axioma por la generación actual así como por las posteriores de los líderes nacionales y políticos.

En tercer lugar, la herramienta para solucionar todas las controversias entre los estados debe ser un diálogo pacífico y las negociaciones constructivas en términos de los principios de una responsabilidad equitativa por la paz y la seguridad, del respeto mutuo así como de la no injerencia en los asuntos internos. Sobre esta base integral, resulta necesario elaborar unos algoritmos integrales de acción en las siguientes áreas.

PRIMERO. El movimiento gradual hacia un mundo, completamente libre de armas nucleares y otras de destrucción masiva. Ya se ha hecho un paso importante en esta dirección. El día 7 de diciembre de 2015 la Asamblea General de la ONU adoptó la Declaración Universal sobre el Logro de un Mundo Libre de Armas Nucleares, impulsada por Kazajstán. Hace 25 años, Kazajstán fue el primer país en el mundo en cerrar el Sitio de pruebas nucleares de Semipalatinsk. Este es el primer y hasta ahora el único caso en la práctica mundial. El joven estado, entonces, renunció voluntariamente a la herencia siniestra de la disuelta Unión Soviética que había poseído el cuarto potencial de armas nucleares y medios de su suministro en el mundo. Es ésta la decisión que provocó que las potencias nucleares declararan la moratoria sobre las pruebas nucleares. Hace 20 años, en el marco de la ONU, fue diseñado y presentado a los estados miembros para que lo firmaran el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares que nunca ha entrado en vigor. En el territorio de Kazajstán bajo los auspicios de OIEA se ha establecido el Banco Mundial de Uranio Poco Enriquecido destinado a los estados que planteen desarrollar la energía atómica.

Las cumbres sobre la seguridad nuclear son importantes.

Es la hora de tomar una decisión a nivel mundial, que prohíba desplegar el armamento letal en el espacio cósmico, en el fondo y aguas neutrales del Océano Mundial, en el Ártico. Es importante diseñar y aprobar los instrumentos internacionales y obligatorios para prohibir el uso de descubrimientos científicos para crear nuevas armas de destrucción masiva. La ONU debería establecer un registro de descubrimientos científicos que puedan utilizarse para crear o perfeccionar las armas de destrucción masiva.

SEGUNDO. En el siglo XXI es necesario formar la geografía del mundo sostenible gradualmente erradicando la guerra como un modo de vida. En el mundo existen seis zonas libres de armas nucleares, que cubren Antártida, casi todo el hemisferio sur, incluyendo América Latina, África, Australia y Oceanía. La más “joven” es la zona libre de armas nucleares de Asia Central establecida hace 10 años en Semipalatinsk por cinco países de la región. Es necesario intensificar los esfuerzos internacionales destinados a establecer una zona de armas nucleares en el Oriente Próximo. En 1992, Kazajstán inició la convocatoria de la Conferencia de Interacción y Medidas de Confianza en Asia.

El foro se ha institucionalizado con éxito en este siglo y ha contado con la participación de 27 países del continente, la ONU y otras organizaciones internacionales. La cooperación multilateral entre la República Popular de China, la Federación de Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái tiene un valor positivo. Las zonas de paz creadas en América del Sur, Atlántico Sur y en el Océano Índico tienen un potencial significativo. Toda la experiencia acumulada debe ser aplicada para crear las Áreas mundiales de paz basándose en la legislación internacional especial, en las cuales, por supuesto, no deba haber lugar para guerras y conflictos. Las cuestiones de seguridad y desarrollo en las Áreas mundiales de paz pueden garantizarse por todos los estados miembros de la ONU, así como por el Consejo de Seguridad de la ONU.

TERCERO. En el siglo XXI es indispensable eliminar tales reliquias del militarismo, como los bloques militares que amenazan la seguridad mundial e impidan una amplia cooperación internacional. La realidad geopolítica refleja que si hay al menos un grande bloque militar, la formación de su antípoda es inevitable. El poder genera anti-poder. Unos diferentes estados, que forman parte de un bloque militar, no siempre son conscientes de su responsabilidad por la paz y seguridad. Aún más, hay intentos de utilizar la protección de los bloques militares por parte de unos estados para aprovechar de sus ventajas en las relaciones con terceros países, incluidos sus vecinos inmediatos. Por lo tanto, la situación de confrontación puede clonarse infinitamente, como en algunas regiones, tanto en todo el espacio mundial. Mientras tanto, la experiencia de las guerras y conflictos del pasado ha demostrado que es imposible garantizar su propia seguridad a costa de la de otros estados. Por esa razón, debe establecerse una Coalición Mundial de los Estados para la paz, estabilidad, confianza y seguridad bajo los auspicios de la ONU que vaya en contra de los bloques militares. El cese de las guerras y conflictos en Afganistán, Irak, Yemen, Libia y Siria, en el este de Ucrania, así como del enfrentamiento palestino-israelí, debe ser la tarea universal para la próxima década. Cabe reducir la posibilidad de una explosión en la península coreana, las aguas del mar de la China Meridional y el Ártico.

CUARTO. Es importante adaptar el proceso del desarme internacional a las nuevas condiciones históricas. El cese imprevisor de las limitaciones de tratados anteriores sobre los sistemas anti-misiles y armas convencionales ha dado lugar a la militarización del espacio político de Eurasia, lo que aumenta el riesgo de una guerra mundial que pueda comenzar incluso a causa de un posible error en la gestión de los sistemas de defensa electrónicos. La Conferencia de desarme de la ONU necesita una nueva estrategia de su actividad. Es necesario responder a la delincuencia cibernética, una nueva amenaza, que pueda convertirse en un arma peligrosa en las manos de terroristas.

QUINTO. Un mundo sin guerra es, ante todo, un justo paradigma de competencia mundial en el ámbito de las finanzas internacionales, el comercio y el desarrollo. Durante el 70̊ período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, Kazajstán propuso desarrollar un Plan Global Estratégico 2045. Este Plan podría eliminar las raíces de guerras y conflictos. Es importante construir una nueva tendencia del desarrollo a través del acceso igualitario de las naciones a las infraestructuras mundiales, a los recursos y mercados. Se propone realizarlo para el 100 aniversario de la ONU. Kazajstán propone convocar una Conferencia Internacional de la ONU de alto nivel en 2016, en la cual habría que reafirmar los principios del derecho internacional con el fin de evitar las guerras y conflictos destructivos en el siglo XXI. Los llamamientos a la prudencia y el diálogo, la moderación y el sentido común no deben ser objetos de ataques por quienes se pongan en contra de la paz mundial.

¡En el siglo XXI el mundo necesita la paz!

¡Esta es la tarea clave de nuestro tiempo!

En el siglo XXI vale la pena luchar por la paz de una manera tan deliberada y tan persistentemente como lo hacía la gente del siglo pasado. Tenemos que pensar en el futuro de nuestros hijos y nietos. Así mismo, es necesario unir los esfuerzos de gobiernos, políticos, científicos, empresarios, artistas y millones de personas de todo el mundo con el fin de evitar una repetición de los errores trágicos de siglos pasados, así como, de una vez por todas, librar al mundo de la amenaza de una guerra. No actuar o poner límites a los esfuerzos de promover la paz supone el riesgo de una catástrofe mundial.

Mi Manifiesto “El mundo. El siglo XXI” refleja una sincera preocupación por el destino de las futuras generaciones que van a vivir y trabajar en las próximas décadas del siglo XXI. Nosotros, los líderes de estados y los políticos, asumimos una gran responsabilidad por el futuro de la humanidad. Como una persona y como un político que pasó por muchísimos obstáculos y dificultades, como un hombre de Estado que tomó una difícil decisión de cerrar el Sitio de pruebas nucleares de Semipalatinsk, exhorto a los líderes mundiales y a la comunidad internacional a entrar en razón. Tenemos que hacer todo lo que depende de nosotros para librar a la humanidad de la amenaza de una guerra mortal. Ahora y en el futuro previsible esta es la tarea más urgente que tenemos.

 

 

En Washington, 31 de marzo de 2016